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El diálogo eléctrico invisible entre las abejas y las flores

El diálogo eléctrico invisible entre las abejas y las flores

El diálogo eléctrico invisible entre las abejas y las flores

Autor: Dr. Miroslav Balchev

 

Los experimentos muestran que las abejas pueden distinguir los campos eléctricos que rodean a las flores y que la visita de una abeja naturalmente cargada de forma positiva modifica ese campo. En la abeja melífera se ha demostrado la percepción de campos eléctricos a través de las antenas.

Cuando una abeja vuela, no solo ve colores, percibe aromas y busca néctar.

A su alrededor y alrededor de las flores existe otro mundo invisible: el mundo de las cargas y los campos eléctricos.

Una abeja en vuelo suele acumular una carga eléctrica positiva. Esto ocurre al desplazarse por el aire, batir las alas y rozar su cuerpo con el aire y las plantas. El fenómeno recuerda a la electricidad estática que se acumula al peinar el cabello con un peine de plástico. La abeja pierde electrones y así queda cargada positivamente.

Las flores, conectadas al suelo mediante tallos y raíces, suelen tener un potencial eléctrico diferente y pueden estar cargadas negativamente. De este modo se forma un débil campo eléctrico entre la abeja y la flor.

Es invisible para nosotros, pero no es realmente “invisible” para la abeja.

Una flor es más que color y aroma

Estamos acostumbrados a pensar que la abeja encuentra una flor por su color, forma, aroma y patrones ultravioletas.

Todo eso es cierto.

Pero la flor también posee una “firma” eléctrica.

La forma de los pétalos, la disposición de los estambres y la cercanía al suelo influyen en la forma del campo eléctrico que rodea a la flor. Para la abeja, esto puede ser otra señal de orientación, como un mapa invisible alrededor de la planta.

Qué ocurre cuando una abeja se posa en una flor

Cuando una abeja cargada positivamente se posa sobre una flor, transfiere parte de su carga. El estado eléctrico de la flor visitada cambia y puede volverse temporalmente menos negativo.

Ese cambio no es permanente. Al cabo de un tiempo, la flor recupera gradualmente su campo eléctrico anterior. Sin embargo, durante un breve periodo puede conservar una señal de que ha sido visitada recientemente. Una abeja que vuela alrededor de las flores puede detectar este cambio incluso antes de posarse. Si la flor acaba de ser visitada, probablemente ya se ha recogido parte de su néctar o polen y la recompensa puede ser menor.

La señal eléctrica puede aportar así una información adicional: “Probablemente ya ha habido un visitante aquí.”

Cómo siente la abeja la electricidad

La abeja percibe los campos eléctricos por el efecto mecánico que ejercen sobre su cuerpo.

Los pelos extremadamente finos del cuerpo y la cabeza de los abejorros pueden desviarse ligeramente bajo la acción de un campo eléctrico. Ese movimiento se convierte en una señal nerviosa.

En las abejas melíferas también desempeñan un papel importante las antenas. Un campo eléctrico puede provocar movimientos muy pequeños de las antenas, que son detectados por órganos sensoriales situados en su base.

Por tanto, la abeja no “ve” la electricidad como ve la luz. Más bien la percibe como un movimiento extremadamente sutil o como un cambio en el espacio que la rodea.

Por qué es útil para la abeja

En la naturaleza, cada segundo cuenta.

La abeja debe visitar muchas flores, recoger néctar y polen y regresar a la colmena con el menor número posible de vuelos innecesarios.

Si el color y el aroma fueran sus únicas señales, podría posarse en una flor que acaba de ser vaciada por otra abeja.

La señal eléctrica añade una información más.

No actúa por sí sola. La abeja combina las señales eléctricas con el color, el aroma, la forma, los patrones ultravioletas, la humedad y su experiencia previa.

Esto puede hacer que la búsqueda de alimento sea más rápida, económica y eficiente.

La electricidad también ayuda al transporte del polen. Las fuerzas electrostáticas pueden atraer granos de polen hacia una abeja cargada positivamente y hacer que se adhieran a sus pelos.

Cuando una abeja cargada positivamente se aproxima a una flor, algunos granos de polen pueden ser atraídos hacia ella antes incluso de que toque completamente las anteras.

En una visita posterior, parte de ese polen puede transferirse al estigma de otra flor.

Así, la electrostática ayuda no solo en la búsqueda de néctar, sino también en la propia polinización.

Las flores también “responden”

Una flor no es un objeto pasivo.

Posee su propio campo eléctrico, influido por la humedad del aire, el suelo, las condiciones atmosféricas, la forma de la planta y las visitas de insectos.

Cuando una abeja se posa, se produce un breve cambio eléctrico entre el insecto y la planta.

Es una especie de diálogo invisible:

  • la flor ofrece néctar, polen, color y aroma;
  • la abeja lleva una carga eléctrica;
  • después de la visita, la flor cambia temporalmente su estado eléctrico;
  • la siguiente abeja puede utilizar ese cambio como información adicional de que la flor quizá ya haya sido visitada. Naturalmente, todo esto ocurre de manera inconsciente.

No es magia, sino una técnica precisa de la naturaleza

Este fenómeno no significa que las abejas “hablen con electricidad” como las personas hablan por teléfono.

Forma parte del complejo sistema con el que la naturaleza ha hecho más eficiente la polinización.

La abeja utiliza la vista, el olfato, el tacto, la memoria, la orientación por el Sol, la luz polarizada, las vibraciones y los campos eléctricos.

Cuanto más aprendemos sobre ella, más claro resulta que la pequeña abeja no es simplemente un insecto que vuela de flor en flor.

Es un organismo vivo extraordinariamente sensible que interpreta el mundo de maneras que el ser humano apenas empieza a comprender.

La conclusión más breve

Las abejas acumulan carga eléctrica durante el vuelo.

Al visitar una flor pueden modificar el campo eléctrico que la rodea. Otras abejas pueden percibir ese cambio y utilizarlo como una de varias señales para saber si probablemente la flor ha sido visitada recientemente.

La electricidad invisible es otro lenguaje más en el antiguo diálogo entre la abeja y la flor.

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